John Cage

"Silencio: hombres que confían entre sí". J. Cage

Escuchando la discografía de The Books que hace poco recomendé a mi buen amigo Zoomo, me ha resultado imposible no pensar en John Cage (Los Angeles, 1912), quien como apunté en el artículo anterior, parecería ser su referencia más directa, no según palabras del mencionado dúo estadounidense, sino de mi limitada y siempre sesgada percepción. Pero más allá de mi devoción, la obra de John Cage fue tan avanzada y diversa, que fácilmente puede tomarse como precursora de muchas de las experimentaciones sonoras que hoy en día se siguen desarrollando. Para muchos, Cage fue el promotor del desarrollo de la llamada música electrónica, su pensamiento avanzado y visionario vió en la tecnología un caleidoscopio inagotable de posibilidades artísticas:

"Creo que el uso del ruido para hacer música continuará y se incrementará hasta conseguir una música producida con la ayuda de instrumentos eléctricos, que pondrían al servicio de propósitos musicales todos y cada uno de los sonidos que pueden ser oídos. Los medios fotoeléctricos, magnéticos y mecánicos para la producción sintética de música serán explorados. Mientras que, en el pasado, el punto de desacuerdo estaba situado entre la disonancia y la consonancia, en el futuro, estará entre el ruido y los llamados sonidos musicales".

El murmullo del espacio

Los adelantos del ruidismo impulsados por el futurista Luigi Russolo, fueron una importante influencia para Cage quien desde la música experimental desarrolló su propio universo artístico mediante la abolición de la partitura y la preponderancia del silencio en buena parte de su obra. Su proceso creativo estuvo con frecuencia orientado hacia la experimentación con elementos cotidianos y naturales para dejarlos actuar en su propio devenir.




En algunas de sus obras, al prescindir de una estructura predeterminada, Cage logra que sus composiciones se desplieguen libremente sobre el horizonte del azar. Asimismo se puede notar una concepción sobre el silencio muy influida por el Zen, a través de la cual, el silencio se suprime a sí mismo, si tomamos en cuenta que los intervalos presentes entre cada sonido o nota de sus composiciones es habitado por los accidentes circundantes (es decir, por el ruido de una tos incontenible, la fricción con los asientos, etc.). Lo accidental pasa a formar parte de la obra. Prolongar los intervalos de silencio en sus composiciones pretende crear tensión y exaltar ante el receptor, aquello que no por ser "ajeno" a la obra deba ser molesto o indeseado para la apreciación estética. Esto es, quizá, una afirmación que podríamos relacionar con uno de los postulados dadaístas y más tarde del Fluxus: Arte = Vida. Cage, a través del silencio descubre al mundo ante nuestra mirada, o mejor dicho, nuestro oído. Aquí valdría hacer mención de su famosa composición 4'33'', donde no se escucha una sola nota del piano durante cuatro minutos y treinta y tres segundos cronometrados por el músico frente a su instrumento, dejando escuchar los sonidos que eventualmente emite el público de manera espontánea, dentro del cual los asistentes desprevenidos e incómodos por la "inactividad", comienzan a ser, sin darse cuenta, los intérpretes y protagonistas de la obra que esperaban apreciar.



La audiencia más sensible podría notar en esta obra una exaltación del mundo como una unidad múltiple plena de sentidos que se nos brinda a nuestra contemplación. Semejante pretensión sólo puede proceder de un ser enamorado del mundo, que aún con sus aparentes imperfecciones, constituye una sinfonía envolvente de la cual somos partícipes y artífices.

Artículos recomendados:
Acerca de John Cage
Música y Filosofía: Registros polifónicos de John Cage a peter Sloterdijk
Música concreta; John Cage, oir a través del silencio







No hay comentarios: